Las tres maletas de cada chica fueron entregadas a unos ayudantes, que les fueron asignados en el aeropuerto, para llevarse las maletas al avión.
-¿A dónde se dirigen señoritas?-preguntó la vendedora.
-A Jerusalén.-contesto Melissa.
-¿No íbamos a Hungría?-dijo Anne confundida.
-No ya no, ¿Qué no escuchaste a Charlie?-regañó la otra.
-¿Charlie? ¿Charlie Díaz?-preguntó con emoción la vendedora.
-Si-dudo Melissa.
-¿Lo conoces?-preguntó Anne emocionada.
-Sí, es mi padre-dijo sonriendo-soy Sophie, Sophie Díaz-les tendió una mano.
-Mucho gusto-le tendió la mano Anne-Anne, Anne Montgomery.
-Melissa Holland-le extendió la mano.
-Me da gusto conocer a las celebridades del Diario La Luna-rió.
-Vaya somos estrellas eh-dijo Anne levantando una ceja sorprendida.
-Je je, no es de extrañarse, son excelentes-hizo una pausa y saco el numero del día-todos aquí leen La Luna y hablan muy bien de sus artículos, son como si contaran lo que les sucedió en vez de contar solamente la noticia y eso está bien, que mezclen las dos cosas.-abrazó el diario.
-Nos da gusto que les guste-dijo Anne algo asustada por el comportamiento de Sophie.
-Es mejor que aborden su avión o lo perderán-dijo Sophie haciéndonos ademanes con las manos para que se dieran prisa.
-Si es mejor que nos vayamos.-admitió Melissa.
-Me dio gusto conocerlas, espero volver a verlas pronto, buen viaje-deseó.
-¡Adiós!-gritó Anne feliz.
-Gran chica-dijo Melissa sonriendo como boba.
-Eh, tú niña, ¿estás aquí?
Anne pasó su mano por la cara de Melissa para ver si reaccionaba.
-Es tan guapo-dijo lentamente.
-¿Quién?-dijo Anne emocionada y buscando por todas partes.
-Ese de ahí-señalo discretamente Melissa sin voltear a ver a su compañera.
-Oh, ¿ese?-dijo algo decepcionada-tienes mejores gustos Mel.
-Lo sé pero hay algo que llamó mi atención-se sinceró.
-Bueno no importa ya vámonos-dijo jalándola por el codo.
-Sí, ya voy solo un momento-dijo Melissa soltándose de su mano y se dirigió hacia el muchacho que vio desde lejos.
Caminó sin preocuparse a quien empujaba y a quien no, ni siquiera se fijaba por donde iba simplemente estaba concentrada en llegar hasta el muchacho de cabellos negros.
-Hola-saludo Melissa.
El joven moreno se volteo y la mira de arriba abajo y después sonrió.
-Hola ¿puedo ayudarte en algo?-preguntó amable.
-No, solo te confundí, lo siento-dijo Melissa algo sonrojada.
-No te preocupes-dijo el otro sonriendo de igual forma.
-Soy Melissa, Melissa Holland-le tendió la mano.
-Henry Wood-le estrecho la mano-¿Eres la escritora de La Luna?
-Si esa soy yo-dijo sonriendo.
-Vaya que honor-soltó un suspiro.
-Tú ya sabes que hago pero que tal tú, ¿A qué te dedicas?-preguntó interesada.
-Voy a visitar a un tío que vive en Jerusalén. Está asustado por lo del robo que se dio en una de las tumbas de los apóstoles.
“Esto nos puede servir de mucho” pensó Melissa sin dejar de sonreír.
-¿Tu a dónde vas?-preguntó Henry.
-También. Voy por eso exactamente-dijo orgullosa.
-Eso está bien, tal vez podríamos salir. Yo te buscaré-dijo sonriendo pícaramente.
-Claro-asintió.-Ahora tengo que irme, mi amiga me está esperando-dice señalando a Anne que estaba comprando unos bocadillos muy emocionada.
-¿Come todo eso?-preguntó Henry sorprendido.
-Si-dice Melissa bajando la cabeza y moviéndola negativamente.
-¿Sola?-sigue sorprendido.
-Si-vuelve a decir.
-Y ¿Se mantiene así de esbelta?-no puede dejar de mostrarse sorprendido.
-No tiene fondo. Bueno, sí. Todo se le va a las piernas-se echa a reír.
Él también ríe.
-Bueno Melissa-dijo mirándola-Me dio gusto conocerte. Yo te buscaré-le guiñó un ojo y se fue al andén donde seguro tomaría su vuelo.
Melissa regresó con su amiga que estaba haciendo maniobras para poder detener su bolsa y su comida.
-¿Qué significa esto?-preguntó Melissa a su compañera.
-¿Qué?-respondió Anne con la boca llena.
-Tu comida, cielo. No puedes pasarte toda la vida comiendo pastries y lo sabes-la reprimió.
-Es inevitable.
-¿Sabes a dónde se te va todo eso?-Anne la miró confundida-A las piernas, chica, a las piernas, sin mencionar tu trasero.
Anne angustiada se miró el trasero y se dobló sobre ella para poder tener una mejor vista de sus piernas.
-Yo me veo bastante bien.-dijo Anne enderezándose y dirigiéndole una agradable sonrisa a Melissa.
-No dirás eso en diez años-dijo Melissa tomando un pan relleno de mermelada.
-¡Hey!-exclamó Anne tratando de proteger sus demás pastries.-Deja de comerte mi comida. Siempre lo haces.
-Todavía de que te ayudo a que no quedes obesa ¿Te atreves a reclamarme? Que mala amiga eres.
-Sí, muy sacrificada ¿no?-bufó Anne.
-Ya calla y guarda tu comida. Ya tenemos que abordar.-Melissa miró su reloj.
-Claro, vámonos.
-¿Qué platicaste con ese chico?-preguntó Anne en el asiento de la ventana.
-Su tío es el cuidador de la tumba de los apóstoles. Dijo con emoción.
-¿En serio? ¿Cómo se llamaba?
-¡Anne! Te estoy diciendo que su tio es el cuidador y ¿Te preocupas más por cómo se llama?-casi gritaba.
-Así será más fácil dar con él y tendríamos ventaja sobre “El Lago”-le sacó la lengua-Si serás lista amiga-canturreó lo último.
La voz de la aeromoza se escucho dando las indicaciones necesarias para tener un vuelo cómodo y seguro.
-Anne-Melissa tomó del brazo a su amiga y la zangoloteo.
Anne estaba a punto de meterse una dona en la boca.
-¿Qué? Estoy comiendo. Déjame-le arrebató su brazo.
-No. Mira-señaló a los asientos de hasta adelante.
Anne se estiro para poder ver lo que a Melissa la había puesto inquieta: El Lago.
-¿Qué hacen ellos aquí?-preguntó Anne encorvada, abrazando su bolsa blanca de pastries.
-No lo sé-dijo con asco.
-Bueno pero piensa que gracias a que te ligaste a ese ser de carnes perfectas, tenemos ventaja-sonrió Anne orgullosa.
-Claro, si es que no traen a su mujerzuela.
-¿La güera esa patas chuecas? ¿La que parece que se va a romper con sus zapatillas de prostituta? Sin ofender a las prostitutas, ellas son decentes.
-Si ella-frunció el ceño.
-Pues, pues, pues-balbuceó-pues vístete bonito y lo besas.
-¿Qué?-frunció aún más le ceño, si es que se podía.
-Fue lo primero que se me ocurrió. A parte, si lo haces tendremos aún más ventaja.
-De hecho dijo que me buscaría, sabe localizarme.
-Le diste tu teléfono-fue afirmación.
-No-dijo-pero nos conoce. Sabe como contactarnos.
-Si es que ellos no lo contactan primero-dijo Anne señalando a sus enemigos.
-Bien dicho.
-Despídete de tu México lindo y querido-cantó Anne hinchando el pecho.
-Adiós mi México lindo y querido-y soltó un grito de mariachi más macho que el mismísimo Pedro Infante, que en paz descanse. ¿Era macho?